Todos los magos salvando a las ISAPRES.

Pablo Varas Pérez

ISAPRES. Millones de chilenos siguen pagando las consecuencias del modelo implantado desde los tiempos de la dictadura militar. Lo correcto hubiera sido expulsarlos como los mercaderes del templo.

Sucedió todo lo contrario. En fila, con un cirio en la mano invocaron que la patria los necesitaba.

Las ISAPRES, esos negociantes de la salud que durante décadas se forraron con el abuso y consumado lucro del derecho a la vida, fueron rapidamente salvados por diputados, senadores, ministros y el presidente, quienes corrieron para rescatarlos.

Es necesario dejar establecido que la crisis financiera del sistema privado de salud es responsabilidad absoluta de ellos mismos. Las personas de manera regular entregaban dinero para que ante una enfermedad sean sanados. Ellos, bajo el formato de Milton Friedman, fueron separando en precios y prestaciones a enfermos, mujeres y ancianos.

No son muchos los países en el mundo que existe un modelo como el que estrangula a millones de personas en Chile. Acá se autoriza y posibilita que existan seguros privados para la salud. Esos alto edificios con letras grandes bautizados como ISAPRES.

Las explicaciones de los parlamentarios superaron lo racional.

Salvar a las ISAPRES invocando una ley corta logró articular a casi todos los ilustres. No salvarlos era condenar a la muerte segura a varios millones de esclavos que son azotados por el lucro en la salud, gritaban los salvadores a coro en el parlamento.

FONASA va a colapsar, hay que salvar a la gente si se produce el quiebre de los vendedores de agua bendita. Diputados y senadores olvidaron los retiros exorbitantes en millones y millones en 2020 cuando los afiliados no hicieron uso de sus servicios producto de la pandemia.

El sistema público de salud soportó una epidemia que nunca antes se había conocido en Chile ni en el mundo.

Salvar a las ISAPRES es desconocer el sistema público de salud que viene desde casi los primeros decenios del siglo XX. Salvar a los seguros de salud privados era devolver la mano a los que aportaron dinero en las campañas de diputados y senadores. Así se canjea el financiamiento irregular de la política.

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Las ISAPRES son consorcios, en su mayoría internacionales, que encontraron la fuente de la vida eterna cuando la dictadura aceptó entregar al matadero a tantos necesitados.

La deuda de la ISAPRES a sus afiliados supera los 1.200 millones de dólares.

La Corte Suprema dictó sentencia que esos dineros obtenidos bajo apropiación indebida, alzas de precio, largos periodos sin pagar las licencias médicas, deberían ser devueltos a los que fueron maltratados económicamente. Durante años los tribunales de justicia, en incontables sentencias, confirmaron el robo de las ISAPRES.

Para el modelo todo es dinero, la vida es mercancía y respirar una boleta de servicios. En las zonas de pobreza hay más mortalidad infantil que en los sectores más acomodados. En la periferia de las ciudades las áreas verdes son escasas. Las escuelas y liceos tienen en sus salas de clases una mayor cantidad de alumnos.

Una desigualdad ya sin control. Te vendo algo, tú me pagas y te sanas.

Así funciona el país y no hay que ir a buscar muy lejos. Así se administra el sistema cuando a algunas anunciadas reformas necesarias se les baja el telón, esperando que en el siguiente periodo vuelvan los encantadores de serpientes con sus espejitos. Como la deuda histórica de los profesores y los miles de endeudados del CAE.

Entre aplausos y abrazos la propiedad privada es salvada por banderas de todos los colores. Diputados y senadores se faenaron a sus votantes, los volvieron a encadenar al yugo neoliberal. Se despidieron manifestando que esperarán la presentación de algún proyecto para fortalecer la salud pública, pero ese será, sin duda, otro tema.

Finalmente, luego que la operación salvataje a las ISAPRES fuera consumada, los dueños no aseguran la estabilidad de sus negocios.

Pablo Varas, columnista

Pablo Varas
Profesor de Historia
Columnista

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