[Reseña literaria] La verdad sobre la luz: o el orgulloso linaje islandés. Por Pepa Durán
La verdad sobre la luz es la última novela escrita por la islandesa Auður Ava Ólafsdóttir. No la conocía, nunca la había leído, nunca siquiera la había escuchado nombrar y después de leer este libro quise leer todo de ella.
Las nórdicas sorprenden.
Y claro, entre los muchos premios y reconocimientos que se ha ganado están los más importantes: el nacional islandés y la mejor novela nórdica. Su mayor éxito ha sido Rosa Cándida, publicada en 2007, pero tiene al menos cuatro o cinco buenas novelas más.
LAS MADRES DE LA LUZ
Dýja es lo que en Islandia llaman «madre de la luz», una especie de linaje de matronas de la cual ella es una orgullosa descendiente. Sabe exactamente cuántos bebés ha traído al mundo al igual que su abuela, su bisabuela o su tía, quien le ha heredado un departamento repleto de muebles que esconden los manuscritos más hermosos que se puedan leer. La tía Fífa se encargó de enlazar las extraordinarias narraciones que escribían esas parteras que peregrinaban, en las peores condiciones climáticas, por los páramos noruegos para llegar allí donde a veces ya era tarde. Relatos llenos de introspección, utopía y sueños, a veces un poco extravagantes, otras veces mágicos y otros de pura videncia sobre la ciencia, la luz, la vida.
LA PIEL, LA LUZ
La verdad sobre la luz.
Hay que decir que en la literatura la cuestión cotidiana, la soledad, la pérdida, la identidad, los enigmas que envuelven la vida y su universo siempre son asuntos narrables. El relato mismo es una exploración, el lenguaje es rebelión, es la traza. Y como lector captas esa tirantez que a la vez te tensiona. En ocasiones las historias te envuelven, lo que se cuenta es nuclear, a veces intuyes lo inenarrable y la lectura es un viaje en que el autor te conduce, y al final conquistas el objetivo, atrapas el desenlace y la historia se cierra tan fácilmente como repliegas el libro. Es un gesto similar a la obturación; clausuras, sellas, escuchas ese sonido como de atrancamiento, de golpe. Un éxtasis a la vez que una pérdida.
Y luego está esta utilización del lenguaje, la piel, la luz.
Esto es lo que hace Auður Ava Ólafsdóttir: que en lugar de hacerte abrir un libro te hace entrar en una especie de cosmos que te detiene, te aquieta, te suspende en un estado de serenidad. Y cada vez que retornas la lectura te restituye, lo cotidiano se vuelve fugacidad, inasible. Ingresas como a un estado de hipnosis donde no importan tanto los personajes o los hechos, como descifrar el sentido de la letra, la búsqueda de significados, las emociones, el estado de la lectura, ese humor, esa ternura, esa susceptibilidad propia de una voz que estremece, sosiega, vibra.
UNA AURORA BOREAL
Maravillosa Auður Ava. Una energía que fulgura, un remirar el alumbramiento desde la luz misma, como una aurora boreal, como lo primario. Una trayectoria que abre de modo iluminador lo inherente que conecta a las mujeres con la creación intelectual, el sensible tejido que se trama en la escritura y que nos vincula a la experiencia subjetiva que tira, que precipita.
Y además, el amor, la poesía, el lenguaje poético como expresión de la singularidad que se trenza con lo simbólico que es el acto mismo de escribir.
Son los maravillosos descubrimientos con que te sorprende la literatura. De verdad que te atraviesa.
La verdad sobre la luz
Por Pepa Durán, de @aqui.se.lee
Magister en Lengua y Literatura Hispánica, Universidad de Valencia.
Magister en Educación, Universidad Católica de Chile.